EMPRESA: LA IMPORTANCIA DE LA PREVENCIÓN Y DETECCIÓN DEL FRAUDE MEDIANTE MEDIDAS DE CONTROL INTERNO

“El fraude es cualquier acto u omisión intencional diseñado para engañar a otros, lo que resulta en que la víctima sufra una pérdida y/o el perpetrador obtenga una ganancia”. Asociación de Examinadores de Fraude Certificados (ACFE)

El fraude no reconoce el tamaño de las empresas, todas están propensas a sufrir fraude, ocurre en empresas pequeñas y grandes; en las organizaciones pequeñas, su impacto puede ser mayor debido a su estructura sencilla y la dimensión de sus cuentas de resultados, en oposición con una empresa grande que tiene políticas y procedimientos, sistemas, segregación defunciones y una estructura de control interno para mitigar el riesgo de fraude.

El impacto de un fraude se puede medir en tres dimensiones: a) El impacto monetario del fraude, b) Los costos asociados al fraude cuando la empresa acude a especialistas para realizar las auditorias, acumular la evidencia y contratar abogados para llevar el caso a las autoridades y, c) El costo reputacional, con consecuencias en clientes que ven otras opciones de competidores por el desprestigio que ha producido el fraude, empleados que migran a otras organizaciones y, si la empresa cotiza en la bolsa de valores, la repercusión negativa en el valor de las acciones.

Los fraudes pueden ser perpetrados por personas internas o externas a la organización, o por la combinación de ambas, por lo que el sistema de control interno debe estar diseñado para gestionar el riesgo de fraude interno y externo realizando autoevaluaciones de las vulnerabilidades o debilidades que podría tener el sistema de control interno.

Las “banderas rojas de riesgo de fraude” pueden generarse en empleados que llevan mucho tiempo en un mismo rol, aquellos que conocen a profundidad los procesos, los sistemas y donde existe exceso de confianza con niveles de aprobación, aquellos empleados que no toman vacaciones, muestran renuencia para proporcionar información, tienen altas deudas económicas y/o gastan más de lo que ganan por su trabajo.

Los elementos que pueden llevar a las personas a cometer fraude son tres (triángulo del fraude):

  1. La presión (lo que empieza a calentar con fuego) de llevar un estilo de vida especifico, deudas, necesidades familiares, metas y números impuestos, a los que debe llegar sin importar el cómo.
  2. La oportunidad (la gasolina que hace que el fuego continúe) es la existencia de situaciones favorables para perpetrar el fraude (nadie está revisando, no hay controles, no hay segregación de funciones).
  3. La racionalización del fraude (las excusas o razones que el perpetrador se dice a sí mismo), pensar que se lo merece, que el dinero de la empresa puede derivar en “un préstamo de dinero” y que lo devolverá, que recibió un trato injusto, no fue promovido o que no recibió un aumento de sueldo.

En consecuencia, un adecuado sistema de control interno puede romper el triángulo del fraude, removiendo la oportunidad, al no dejar la ventana abierta.

Por tanto, es clave la visión de los accionistas, el directorio y la gerencia de cómo se gestionará el riesgo de fraude, el proceso de reclutamiento y selección del personal, donde las empresas identifiquen la trayectoria, reputación y los valores de los empleados.

Hoy en día existen herramientas y software que ayudan a prevenir el fraude y que en muchos casos no son adquiridos porque no están o están al final de la lista de prioridades de los órganos de gobierno de las organizaciones, priorizando el negocio, las ventas y los resultados.

Cuando no se tiene un adecuado sistema de control interno, una empresa puede pasar años operando sin detectar el fraude. El fraude nunca deja de crecer, no es una “operación” que se presenta solo un momento y desaparece, el perpetrador que identificó una debilidad para cometer fraude, lo seguirá cometiendo cada vez en mayor cuantía.

Una empresa necesita atender los casos de fraude y sancionarlos. El control interno está compuesto por tres pilares: los esfuerzos de prevención, esfuerzos de detección y las respuestas (sanciones). Si una empresa invierte en la prevención, detención y no cierra el ciclo, el mensaje a los defraudadores es: si me descubren no pasa nada”, no hay sanción, no hay repercusión; la recomendación a las organizaciones es que sigan los tres esfuerzos para cerrar el ciclo, para que el interés de los defraudadores por cometer estos actos disminuya. Una organización que no sanciona estas acciones, puede ser más propensa a que en el futuro sea sujeta a más casos de fraude.

Para concluir, el fraude es una realidad que sufren las organizaciones y no se la puede negar, se debe trabajar en prevenir, detectar y responder al fraude en las organizaciones; para esto, el control interno es una de las mejores herramientas para detectar y desalentar conductas fraudulentas. La inversión en el control interno es importante y de rápido retorno para el negocio, dado que aquellas que invierten en control interno y canales de denuncia, reducen la duración de los fraudes y los detectan antes de aquellas organizaciones que no tienen estos mecanismos.

Por: Isrrael Céspedes Cori